lunes, 20 de marzo de 2017

Copa Mundial 2022 presiona a la economía desacelerada de Catar



En los hoteles de la ciudad de Doha hay un mayor número de hombres vistiendo cascos duros y botas de seguridad que banqueros de saco y corbata que antes llegaban a la capital de Catar para proponer tratos a los fondos soberanos de este Estado del Golfo.

Ésta es una indicación de los cambios económicos en Catar, que tenía la reputación de ser uno de los grandes derrochadores y un negociante agresivo, conforme intenta manejar la caída de los precios del petróleo. En un momento en el que la economía se ha desacelerado en otros frentes, la construcción (y la actividad económica que conlleva) se ha enfocado en los preparativos para la Copa Mundial 2022.

Catar está construyendo nueve estadios deportivos, zonas climatizadas para aficionados, hoteles, sistemas de alcantarillado y carreteras en preparación para el torneo de fútbol, pero la pregunta es cuál será el costo de usar el trabajo de construcción para compensar la desaceleración en otros sectores de la economía.

“Catar ha tenido que cortar gastos para adaptarse a los precios más bajos del petróleo, pero sigue comprometido a ser anfitrión de la Copa Mundial así que ha invertido mucho en estos proyectos”, dijo Farouk Soussa, economista en jefe del Medio Oriente en Citi. “Dada la dependencia del sector no petrolero del gasto público, una desaceleración de la economía más amplia es inevitable”.

En 2016, Catar, el principal exportador de gas natural licuado, registró su primer déficit presupuestario en 15 años (una brecha de financiamiento de 12 mil millones de dólares) pero el Gobierno está gastando 500 millones a la semana en infraestructura relacionada con la Copa Mundial. El Gobierno ha obtenido préstamos internacionales y domésticos de 17 mil millones de dólares para afrontar el gasto.

“El último proyecto grande será completado entre 12 y 18 meses antes del inicio de la Copa Mundial”, aseveró Ali Sharif al-Emadi, el ministro de finanzas. “No queremos seguir pintando cuando comience a llegar la gente al país”.

Catar desestimó las acusaciones de soborno, el maltrato a los trabajadores extranjeros y las críticas sobre la elección del Estado conservador para ser anfitrión de uno de los eventos deportivos más grandes del mundo, y se comprometió a gastar 200 mil millones de dólares para crear la infraestructura necesaria para que se lleve a cabo el Mundial. Ya se han adjudicado 90 por ciento de los proyectos, según Emadi.

El Ministerio de Finanzas pronostica que el gasto relacionado con el Mundial impulsará el crecimiento económico a 3,4 por ciento este año. Emadi dijo que esto constituye “casi 70 por ciento más que cualquier otro” Estado del Golfo.

Pero este comentario positivo ignora las ambiciones más serias de Catar. Los ministros antes presumían sobre la economía de crecimiento más acelerado en el mundo; en la década anterior a 2016, el promedio de crecimiento era de 13 por ciento.

Doha comenzó a adoptar un enfoque más conservador con respecto a sus gastos extravagantes después de que Sheikh Tamim bin Hamad Al Thani, el emir, reemplazó a su padre, quien abdicó su cargo en 2013.

La crisis petrolera en 2014 impulsó un ajuste de los gastos, con recortes a través de los sectores gubernamentales y energéticos, incluyendo la eliminación de miles de empleos en el grupo petrolero estatal. Se han recortado puestos de trabajo en los museos, en el sector educativo, en los medios y en el sector de la salud, y se han cancelado o pospuesto un gran número de proyectos.

En el distrito comercial West Bay, se siente claramente el impacto del encogimiento de la demanda corporativa y residencial. El desarrollo emblemático experimentó un auge entre 2004 y 2014, pero actualmente el área está llena de rascacielos desocupados y a medio construir.

Los empresarios locales dicen que la situación se ha exacerbado por la salida de decenas de miles de expatriados del país, lo cual ha afectado la demanda minorista, conforme las compañías han reducido su tamaño o han abandonado el país.

“En este momento es casi imposible vender tu coche”, dijo un banquero de Catar. “Hay demasiados en el mercado”.

Una quinta parte de los bienes inmobiliarios de alto nivel está desocupada y los precios del alquiler cayeron hasta 20 por ciento el año pasado, afirmó Johnny Archer, un director adjunto de DTZ Catar, la consultoría de bienes raíces.

“Las compañías han dejado de alquilar espacio y no existe un requisito para ampliar los departamentos gubernamentales”, afirmó Archer.

Emadi dijo que Doha estaba trabajando para impulsar el sector privado y “asegurar la sostenibilidad de la economía a largo plazo”. El Gobierno ha identificado contratos con valor de 8,2 mil millones de dólares del Estado que podrían adjudicarse al sector privado, especialmente en el área de salud, educación, turismo y logística, dijo.

Sin embargo, la principal queja de los empresarios de Catar es que la mayoría de los contratos grandes relacionados con la Copa Mundial se han adjudicado a contratistas extranjeros, dejando fuera a las compañías locales y, por ende, teniendo un impacto limitado en la economía doméstica.

“Nada de esto nos está ayudando”, afirmó un banquero local. “Los trabajadores no van a alquilar espacio en West Bar ni hacer sus compras en Zara”.

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