A exactamente 30 días para el inicio del campeonato Mundial de Fútbol Brasil 2014, una preocupante escalada de las protestas ciudadanas y las ofensivas armadas promovidas por los grupos de narcotraficantes que dominan el comercio de drogas en Río de Janeiro, tiene en jaque al Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.
Los enfrentamientos afectan incluso a favelas incluidas en el proyecto de Unidades de Policía Pacificadora (UPP), adoptado en 2007 por la gobernación de Río para expulsar a narcotraficantes que controlaban varias barriadas, y que alcanza hasta ahora a 39 comunidades, en su mayoría ubicadas en las zonas turísticas y vecinas al Maracaná.
El Gobierno estatal liderado por Luiz Fernando Pezão ha admitido que la situación de la seguridad está muy lejos de ser la ideal para recibir una Copa del Mundo, señala el diario O Globo.
El gobierno de Río, en una decisión que se contradice con lo pronunciado hasta ahora de que los esfuerzos para garantizar la seguridad representan un patrimonio duradero para la ciudad y no una medida ocasional para controlar la violencia durante el mes mundialista, ha sacado desde el anterior lunes a toda su Policía.
Según el rotativo, los agentes no tendrán días libres y se les pagarán las horas extra para evitar el descontento de la tropa o la posibilidad de que surjan erupciones huelguistas durante los próximos dos meses.
Un contingente adicional de 2.000 policías ya estaba previsto para el arranque del evento, pero el secretario de Seguridad de Río, José Mariano Beltrame, ha decidido adelantar la medida con el propósito de mandar un mensaje de confianza al planeta.
Durante las últimas semanas, varias favelas han sido el escenario de potentes choques armados entre policías militares y narcotraficantes que en algunos casos se han saldado con víctimas mortales.
“El mayor desafío aún es que las policías (en las favelas) desarrollen una relación de confianza con las poblaciones locales”, indicó a la BBC Silvia Ramos, coordinadora del Centro de Estudios de Seguridad y Ciudadanía de la Universidad Candido Mendes, con sede en Río.
Existe información de inteligencia que asegura que grupos criminales como el Primeiro Comando de la Capital (PCC), el Comando Vermelho y policías corruptos planificaron ataques a UPPs, informó el diario “Folha de Sao Paulo”.
El rotativo precisó que de las 37 UPPs instaladas, 32 están en territorios que pertenecían al Comando Vermelho.
Desencanto
Brasil, un país apasionado por el fútbol, con el que supo alcanzar tantas glorias, vive un creciente desencanto con el próximo Mundial.
Apenas 52 por ciento de los brasileños apoyan el evento, indicó la encuestadora Datafolha en abril pasado, el nivel más bajo que registra desde noviembre de 2008, cuando el respaldo llegaba a 79 por ciento.
Al mismo tiempo, los brasileños contrarios a la Copa pasaron de 10 por ciento en 2008 a 38 por ciento actualmente.
Los gastos que Brasil realiza para el Mundial son un motivo de irritación de una parte de su sociedad. Fueron unos 10.900 millones de dólares invertidos por el gobierno federal, los estados y las ciudades sede, de acuerdo al último balance oficial divulgado a principios de año.
Se trata de una cifra bastante superior a lo previsto: solamente en estadios se ha gastado a veces el doble o hasta el triple que los presupuestos iniciales.
En un país con grandes deficiencias en salud pública y educación, las fortunas invertidas en el Mundial fueron una de las razones principales de las protestas masivas que Brasil tuvo en junio de 2013 durante la Copa de Confederaciones.
Sonia Fleury, una politóloga y socióloga que coordina el programa de estudios sobre la espera pública en la Fundación Getúlio Vargas, explicó a la BBC que la gente dice que los problemas que vive a diario no se resuelven porque los gobernantes están volcados a destinar cuantiosos recursos económicos en la Copa.
El modo en que el Gobierno brasileño presentó el Mundial ante la población también pudo contribuir a generar desánimo, sostienen analistas.
Alberto Almeida, experto en opinión pública en el Instituto Análise, una consultora con sede en Sao Paulo, sostuvo que faltó una reivindicación clara de la utilidad del torneo por parte de las autoridades.
Datos: Agencias e Internet
El fantasma de junio 2013
Diversos movimientos sociales planean repetir durante el Mundial lo ocurrido el año pasado, cuando cientos de miles de brasileños protestaron durante las dos semanas que duró la Copa Confederaciones de la FIFA por el elevado gasto público del evento y demandaron más inversiones en educación, salud y transporte.
El pistoletazo para las protestas contra el Mundial en Sao Paulo lo dieron el jueves pasado unos 1.500 activistas del Movimiento de los Sin Tierra (MST) y del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST), que realizaron cuatro diferentes marchas en forma simultánea y ocuparon por algunos minutos las sedes de tres grandes constructoras.
El coordinador nacional del MTST, Guilherme Boulos, aseguró a EFE que las protestas fueron organizadas para servir como apertura de la campaña “Mundial sin el pueblo. Estoy (protestando) en la calle de nuevo”.
“Realizaremos movilizaciones semanales para denunciar los abusos y las medidas impopulares hechas con la disculpa del Mundial”, afirmó a la agencia.
El blanco de los manifestantes, que exigen inversiones en vivienda de la misma dimensión que las destinadas al Mundial, fueron empresas consideradas como símbolos de esos gastos, entre las cuales está la gigantesca Odebrecht, responsable por la construcción del Arena Corinthians, el estadio de Sao Paulo para el campeonato.
Los activistas también ocuparon sedes de las constructoras AOS Emprendimentos y Andrade Gutierrez, que se adjudicaron diferentes contratos de obras de infraestructura para el Mundial.
Ese mismo día el caos en Río de Janeiro, en cambio, fue provocado por una huelga de 24 horas sin anuncio previo declarada por parte de los conductores de los autobuses de transporte público por mejoras salariales, y que dejó a miles de personas sin condiciones de desplazarse a sus puestos de trabajo.
Así como los conductores, varios sindicatos quieren aprovechar la proximidad del Mundial para presionar en las negociaciones con las patronales.
POLICÍAS AMENAZAN
La Policía Federal brasileña realizó el miércoles 7 una huelga en diferentes estados del país y reiteró su amenaza de una paralización durante el Mundial de fútbol si no alcanza un acuerdo con el Gobierno a final de mes.
Los agentes reclaman, entre otras reivindicaciones, una reestructuración del plan de carrera, un reajuste salarial, nuevas contrataciones y cambios en los procesos de investigaciones criminales.
“No creo que haya un acuerdo en los próximos meses porque no lo hay desde hace tres años y estamos sin aumento salarial desde hace 8 años”, señaló a la AFP un portavoz de la Policía Federal.
Según explicó, en caso de que no se alcance un acuerdo con el Gobierno estatal en las próximas semanas los agentes realizarán una paralización “total” en Río de Janeiro, una de las 12 sedes.
También hubo paralizaciones ese día en Alagoas, Ceará, Distrito Federal, Mato Grosso, Pará, Piauí, Río Grande do Norte, Río Grande do Sur y Sergipe.
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